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jueves, abril 06, 2006

NO A LA GUERRA, SÍ A LA VERDAD


Un año más, Estepona Ciudad del Periodismo nos ha traído la flor y nata del periodismo en el III Seminario Internacional de Reporteros de Guerra. Este acto ha tenido lugar en el Paraninfo de la Universidad de Málaga, los días 4 y 5 de abril.

A él han acudido periodistas de cierto renombre como Fran Sevilla (RNE) o Pascale Bourgeaux (RTBF) entre otros. En sus ponencias nos relataron sus experiencias, tanto como periodistas como de enviados especiales en la guerra. Además, como esta conferencia estaba dirigida a estudiantes de ciencias de la comunicación, a su vez, nos aconsejaron para nuestro futuro.

Guerras como la de Irak o Afganistán fueron protagonistas en estas jornadas. Otros temas destacados del día fueron los llamados “periodistas empotrados”, la censura, la información como espectáculo, la propaganda, la escasa formación de algunos periodistas, la discriminación, la humanidad del periodista, etc.

Centrándonos en los “periodistas empotrados”. Se trata de periodistas que van dentro de la unidad militar y avanzan con ella. Javier Espinosa (EL MUNDO) debatía sobre las ventajas e inconvenientes que se tiene tanto cuando se va junto a las tropas, como cuando se elige ir por libre. En la primera opción, uno se siente más protegido, pero también corre el riesgo de ser relacionado o confundido con un militar. En la segunda opción, tiene que ser más cuidadoso y camuflarse bien para que la búsqueda por parte del enemigo sea infructuosa. Para nosotros es mejor integrarse en una tropa, ya que de la otra manera, aunque se puedan obtener historias más originales, resulta más peligroso (tanto por las confusiones, como por desorientación).

En cuanto a la censura, muy comentada, podemos decir que muchos medios informan sólo de lo que a su bando les interesa. Fran Sevilla hizo especial hincapié en esto diciendo que los informadores deben solidarizarse y comprometerse más con las víctimas. Esta idea parte de que, cada vez más, las imágenes que nos llegan sobre la guerra se asemejan a juegos de ordenador, como si no fuera algo real, sin mostrarnos la repercusión en los afectados. Estamos de acuerdo con Fran Sevilla, puesto que así nos informaríamos correctamente de lo que le sucede a los damnificados, adquiriendo una mayor conciencia de lo que supone una guerra.

Por otro lado, se encuentra el polémico debate sobre la información espectacularizada. Esto, llevado a su extremo, ha provocado que incluso se crearan falsos ataques para obtener imágenes morbosas que captasen la audiencia. Enlazando con la idea anterior, hemos de decir que nos impacta más la imagen de una víctima que cientos de misiles volando. Por ello, no creemos necesario este afán que tienen los comunicadores por transmitir situaciones bélicas.

El más claro ejemplo de propaganda lo supone EEUU, que se benefician de sus medios para dar una buena imagen de sí mismo y dar impresión de ser superiores. Afortunadamente, cada vez más las demás naciones intentan denunciar esto sacándolo a la luz las barbaridades que cometen los americanos. Esto se pudo ver reflejado en las imágenes de los soldados norteamericanos torturando a prisioneros. Nos parece que los americanos ya tienen demasiado poder y es necesario que los demás países denuncien esto. No sólo por cuestiones de autoridad, sino para una correcta información.

Otro déficit en la información viene dado por la existencia de comunicadores con un bajo nivel de cultura general. El mejor ejemplo posible es la anécdota que nos relató Fran Sevilla en la que un reportero comenzó su información en Irak diciendo que estaban en la orillas del Ganges. Cuando se le notificó que se trataba del Tigris, este avispado reportero se excusó diciendo que sería “uno de esos ríos bíblicos”. Pensamos que el periodista antes de dar la información debe documentarse correctamente para evitar estos posibles y crasos errores. Estas incongruencias no hay que achacarlas a la deteriorada formación que se imparte, sino a una mayor vocación por parte del informador.

Otro problema planteado principalmente por los asistentes es la humanidad del periodista, sobretodo a raíz de la exposición de Javier Bauluz (único premio Pulitzer español). Éste en muchos casos se ve en la difícil situación de decidir en qué momento se deja la cámara para socorrer al necesitado. Somos incapaces de llegar a un consenso de donde termina el periodista y empieza la persona; ya que se trata de situaciones muy extremas en las que a la vez que ayudar hay que informar.


Antonia Parrado (madre de Julio Anguita Parrado, asesinado en Irak) asistió a este seminario, en un afán de que su hijos y otros periodistas caídos no queden nunca en el olvido. Su situación fue apoyada por otros ponentes, como Mercedes Gallego (Grupo Vocento), quien denunció el desinterés de la mayoría de los estados a la hora de imponer que se haga justicia por dichas muertes. Creemos que estas naciones adoptan la postura más cómoda, sin tener en cuenta a quienes dieron la cara por ellos.


En conclusión, tras haber escuchado a todos estos ponentes, consideramos que la profesión de periodista es un tanto frustrante. Esto se debe a que la propia visión del profesional se puede ver afectada o manipulada por los directivos, a favor de la audiencia. En cuanto a la labor de corresponsal de guerra, pensamos que es una profesión muy difícil, que hay que sentir verdadera pasión para ejercerla. Las situaciones límites que se viven están totalmente desproporcionadas por la escasa valoración que reciben. ¿Acaso es necesario morir para ser reconocidos?... A veces ni eso.